Hoy quiero hablar sobre la última muestra audiovisual que he podido ver. Ya hablamos de ella en un chat de esta asignatura, pero quería dejar aquí mis comentarios y mis impresiones con respecto a lo que se dice en ella. Me refiero, en concreto, al documental 'La doctrina del shock', inspirado en un libro de Naomi Klein con el mismo título.
No quiero aburrir a quienes me lean, ni a mí mismo por supuesto, con un resumen del contenido de dicho documental, que intuimos será muy similar al que se puede leer en formato impreso. En lugar de eso, me gustaría reflejar algunos pensamientos que han venido a mi mente durante la visualización de la película.
Bien, el primero es que el trabajo de la periodista canadiense Naomi Klein ha reforzado la opinión que ya tenía, esto es, que la democracia ha pasado a manos privadas que, gracias a su enorme influencia en nuestros gobernantes, han conseguido salir vivas de la última crisis económica. De hecho, se puede decir que, tras ver el documental, se puede interpretar que la crisis no es un efecto inesperado del instinto depredador de los oligarcas (incluyo aquí a los grandes magnates de la comunicación, por supuesto) que han tomado las riendas de nuestro destino, sino más bien un mal menor que ellos saben y quieren aprovechar hasta las últimas consecuencias. Sólo hay que ver que en 2008, momento en que se desató la crisis a nivel mundial, los propios directivos de las firmas financieras se aseguraron buenos 'bonus' o sobresueldos sin que ello fuera controlado ni mucho menos vilipendiado por nuestros representantes políticos. La situación vivida en Estados Unidos, que es la que se analiza en el documental, es exportable a otros países como el nuestro propio donde las grandes empresas y los grandes bancos experimentaron beneficios a pesar de la que se avecinaba.
En segundo lugar, el documental también me ha consolidado en la certeza de que la comunicación es un activo importantísimo para determinar los temas que la oligarquía quiere que estén en la opinión pública. En 'La doctrina del shock', por ejemplo, se hace mención a los famosos discursos de 'choque de civilizaciones' (similar a aquel invento de 'la alianza de civilizaciones' que más bien parece un fruto del marketing que un verdadero compromiso político), 'el eje del mal' o 'guerra contra el terrorismo' que fueron entonados desde las altas esferas estadounidenses y se vieron replicados mundialmente en casi todos los medios de comunicación. Más allá de que se hubiera producido un hecho relevantísimo como el 11-S y las implicaciones que ello tenía, es cierto que el sector de la comunicación quedó anegado por riadas de información sobre las acciones militares, los orígenes del terrorismo islámico y el desastre humano acaecido en Nueva York (aunque el acceso a los damnificados no fue del todo transparente, como todos sabemos, debido a la privacidad que impuso el Gobierno de Estados Unidos a la difusión de imágenes demasiado 'personales' de la masacre). Por unos días, y diría yo que semanas o incluso meses, no se habló de otra cosa que de las medidas que tomaría George W. Bush y su gabinete para responder al ataque. Esa política comunicativa, en definitiva, nos impuso de alguna manera el prestar atención a unos asuntos al mismo tiempo que silenció otros que quizás nos afectaban más como ciudadanos.
Pero el alcance que tienen los medios sobre nosotros no sólo se restringe a la forma en que se configura la agenda setting, la variedad de temas que son ofrecidos desde los medios para su conocimiento, su debate y su reflexión entre los ciudadanos. En mi opinión, al menos en nuestro país, el sector mediático aplica una doctrina del shock mucho más encubierta, pero igualmente peligrosa, que la que hemos conocido en países donde se registraron torturas, encarcelamientos, asesinatos y otros tipos de represalias para callar a los disidentes y someterlos a un régimen dictatorial. En 'La doctrina del shock' se habla sobre las medidas de choque inspiradas en los métodos psiquiátricos de Cameron que se tomaron en lugares como Chile, Argentina o Rusia para subyugar al pueblo y ponerlo de rodillas ante una política económica capitalista que venía importada de Estados Unidos. Pero, ¿qué hay de las descargas de desinformación y manipulación que día a día recibimos de medios que nos muestran sólo una cara de la realidad en las noticias o nos proponen debates en los que la participación del público es mínima cuando no residual? ¿No estamos siendo sometidos a una forma de shock cuando se nos presentan repetidamente informaciones políticas, informaciones deportivas e informaciones de sucesos sin solución de continuidad? ¿Por qué, incluso en los medios públicos, se repite la misma fórmula hasta la saciedad sin apenas margen para la investigación, para el análisis de gente sin vinculaciones políticas o para la formación cultural?
En resumidas cuentas, con 'La doctrina del shock' llegamos a unas conclusiones similares a las de otros documentos revisados. Mientras lo privado ha ninguneado lo público, mientras se desarticula nuestro bienestar en lugar de protegerlo de la avaricia de unos pocos, mientras las diferencias de salarios entre un directivo y un trabajador normal no dejan de aumentar y ya no hablemos de las desigualdades entre primer y tercer mundo, los métodos de control oligárquico ejecutados a través de los medios siguen manteniéndonos separados, desubicados y alejados de las cosas que en realidad interfieren en nuestras vidas. Para ellos, es mejor que la gente se pelee por uno y otro candidato político, que hable de la última canallada que ha ocurrido en Gran Hermano, o que se lleve la mano a la boca por un desastre natural retransmitido 24 horas que el hecho de que esta misma gente se pregunte por el por qué de este enorme e inacabable laberinto.
Me quedo con una reflexión de Klein al final del documental: "Si queremos respuestas a la crisis que nos conduzcan a un mundo más justo vamos a tener que salir a las calles". Cada vez veo más evidente que la política hoy en día es una estrategia que se vale de nuestras 'emociones' y sentimientos para dividirnos entre PSOEs, PPs y otros partidos minoritarios y evitar que nos pongamos manos a la obra a luchar contra esos oligarcas insolidarios.
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lunes, 9 de mayo de 2011
La doctrina del shock
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Estados Unidos,
shock
viernes, 6 de mayo de 2011
Hessel, indignado como otros muchos
Empecemos esta segunda parte en que he dividido mi reflexión sobre ¡Indignaos! con una mención que hace Hessel a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que en su artículo 22 dice lo siguiente: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad".
Como sabemos, la situación actual está radicalmente lejos de cumplir esa aspiración hoy por hoy poco menos que utópica. De hecho, la sensación de que es inalcanzable ya habla a las claras de qué clase de sentimiento posmoderno se está extendiendo entre jóvenes y mayores.
En el vídeo que enlacé en el anterior mensaje, el filósofo José Antonio Marina comenta algo muy importante a este respecto: "Somos muy pasivos, aguantamos demasiado y, además, nos ha entrado una especie de desesperanza. Nos estamos convenciendo de que no se puede hacer nada, de que no hay más cera de la que arde. [...] Y tenemos, junto a la epidemia de la tolerancia, una epidemia de desesperanza y también de pereza".
Por supuesto, el papel que juegan los medios de comunicación en la extensión de ambas enfermedades sociales es de vital importancia, no sólo por la actitud pasiva que despiertan (sobre todo, la tele) sino también por el tipo de contenidos que omiten o dejan de omitir. Si hablamos del caso español, resulta obvio el hecho de que periódicos, emisoras de radio, canales de televisión o sitios de internet, en la lógica empresarial de las corporaciones en las que se inscriben, no son más que instrumentos para mantener el sistema de necesidades, valores y creencias capitalistas.
Resulta paradójico que incluso los programas con una apariencia más 'light', más desinhibida, nos hagan sentir deseosos de lo que tienen los demás. Hace unos días lo comentaba con algunos compañeros: Toda esta plaga de programas de 'Españoles por el mundo', 'Madrileños por el mundo', 'Andaluces por el mundo' y sucedáneos siempre nos vende -eso creo yo- la moto más bonita; gente que, a pesar de la distancia, vive holgadamente, sin problemas económicos, con salarios y jornadas laborales envidiables, con casas que a más de uno nos gustaría tener algún día...Es evidente, por tanto, que el control social que ejercen los medios, no por más disfrazado, existe. Igualmente ocurren con las telediarios que, las más de las veces, se convierten en carruseles de temática política (la fiebre de los totales, lo llamaría yo; ya hablaré algún día de ello) donde se van alternando distintas voces, casi siempre de los dos grandes partidos mayoritarios, en un fuego cruzado que deja en el camino otras opciones políticas y movimientos apartados de la mirada pública.
Es por todo ello que, convencidos de que los medios no nos forman con un sistema de valores idóneo ni tampoco favorecen que pongamos atención en lo que de verdad nos interesa (con Cristiano y Esteban hemos topado), consideramos que es necesario impulsar, además de una indignación pacífica, no violenta, como la que propone Hessel, una formación de la visión crítica de la población con respecto a muchos de los asuntos que estamos tratando en este Máster: el funcionamiento de la globalización, la red de intereses en las altas esferas, la coraza que proporciona el entorno mediático, la influencia cultural de la mirada blanca, la pérdida de un horizonte estable laboral, etc...
Decimos esto porque, quizás, el origen de esa pereza a la que antes hacía alusión Marina se debe, en buena parte, al desconocimiento que existe entre la población general en relación con el poder de lo audiovisual. En nuestra opinión, una condición sine qua non para que pueda generarse una mayor indignación es llevar a la gente el mensaje de que, detrás del fútbol, el famoseo y las noticias espectaculares, hay todo un mecanismo de manipulación sobre nuestros lados consciente e inconsciente. De lo contrario, sólo seguirán indignados unos pocos y eso no provocará en ningún momento el cambio social. Ya lo dice Stéphane Hessel al final de su manifiesto: "Por eso, hagamos siempre un llamamiento a "una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen como horizonte para nuestra juventud más que el consumismo de masas, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos".
Mucho nos tememos que esta suerte de 'Entente Cordiale' firmada por los magnates neoliberales, los grandes hombres de la comunicación y nuestros gobernantes nunca estará por la labor de facilitarnos ambas tareas, las de extender la indignación y la educación para los medios.
Como sabemos, la situación actual está radicalmente lejos de cumplir esa aspiración hoy por hoy poco menos que utópica. De hecho, la sensación de que es inalcanzable ya habla a las claras de qué clase de sentimiento posmoderno se está extendiendo entre jóvenes y mayores.
En el vídeo que enlacé en el anterior mensaje, el filósofo José Antonio Marina comenta algo muy importante a este respecto: "Somos muy pasivos, aguantamos demasiado y, además, nos ha entrado una especie de desesperanza. Nos estamos convenciendo de que no se puede hacer nada, de que no hay más cera de la que arde. [...] Y tenemos, junto a la epidemia de la tolerancia, una epidemia de desesperanza y también de pereza".
Por supuesto, el papel que juegan los medios de comunicación en la extensión de ambas enfermedades sociales es de vital importancia, no sólo por la actitud pasiva que despiertan (sobre todo, la tele) sino también por el tipo de contenidos que omiten o dejan de omitir. Si hablamos del caso español, resulta obvio el hecho de que periódicos, emisoras de radio, canales de televisión o sitios de internet, en la lógica empresarial de las corporaciones en las que se inscriben, no son más que instrumentos para mantener el sistema de necesidades, valores y creencias capitalistas.
Resulta paradójico que incluso los programas con una apariencia más 'light', más desinhibida, nos hagan sentir deseosos de lo que tienen los demás. Hace unos días lo comentaba con algunos compañeros: Toda esta plaga de programas de 'Españoles por el mundo', 'Madrileños por el mundo', 'Andaluces por el mundo' y sucedáneos siempre nos vende -eso creo yo- la moto más bonita; gente que, a pesar de la distancia, vive holgadamente, sin problemas económicos, con salarios y jornadas laborales envidiables, con casas que a más de uno nos gustaría tener algún día...Es evidente, por tanto, que el control social que ejercen los medios, no por más disfrazado, existe. Igualmente ocurren con las telediarios que, las más de las veces, se convierten en carruseles de temática política (la fiebre de los totales, lo llamaría yo; ya hablaré algún día de ello) donde se van alternando distintas voces, casi siempre de los dos grandes partidos mayoritarios, en un fuego cruzado que deja en el camino otras opciones políticas y movimientos apartados de la mirada pública.
Es por todo ello que, convencidos de que los medios no nos forman con un sistema de valores idóneo ni tampoco favorecen que pongamos atención en lo que de verdad nos interesa (con Cristiano y Esteban hemos topado), consideramos que es necesario impulsar, además de una indignación pacífica, no violenta, como la que propone Hessel, una formación de la visión crítica de la población con respecto a muchos de los asuntos que estamos tratando en este Máster: el funcionamiento de la globalización, la red de intereses en las altas esferas, la coraza que proporciona el entorno mediático, la influencia cultural de la mirada blanca, la pérdida de un horizonte estable laboral, etc...
Decimos esto porque, quizás, el origen de esa pereza a la que antes hacía alusión Marina se debe, en buena parte, al desconocimiento que existe entre la población general en relación con el poder de lo audiovisual. En nuestra opinión, una condición sine qua non para que pueda generarse una mayor indignación es llevar a la gente el mensaje de que, detrás del fútbol, el famoseo y las noticias espectaculares, hay todo un mecanismo de manipulación sobre nuestros lados consciente e inconsciente. De lo contrario, sólo seguirán indignados unos pocos y eso no provocará en ningún momento el cambio social. Ya lo dice Stéphane Hessel al final de su manifiesto: "Por eso, hagamos siempre un llamamiento a "una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen como horizonte para nuestra juventud más que el consumismo de masas, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos".
Mucho nos tememos que esta suerte de 'Entente Cordiale' firmada por los magnates neoliberales, los grandes hombres de la comunicación y nuestros gobernantes nunca estará por la labor de facilitarnos ambas tareas, las de extender la indignación y la educación para los medios.
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miércoles, 6 de abril de 2011
Información oportunista
Después de lo hablado ayer en el chat, donde debatimos sobre el sutil o, como deslizó nuestra compañera Marga, no-sutil totalitarismo que vivimos actualmente, me ha llegado casi por casualidad un artículo en el que se habla de él. Pone el foco en su verdadero motor: el poder económico, aliado, cómo no, con el poder político que legitima que el interés capitalista de unos pocos pueda decidir por el presente y futuro de todos nosotros. ¿Cuánto tardará la sociedad global en darse cuenta de que, sin una gran movilización, estaremos condenados a sufrir endémicamente períodos críticos como los que están sacudiendo los cimientos del Estado de Bienestar (para los afortunados que tenían algo de bienestar, porque otros muchos, la gran mayoría, ni siquiera pueden presumir de haber gozado de esa palabra)?
Curiosamente, el artículo hace mención a la película que nuestro compañero Pepe comentó: Inside Job. La sinopsis podría ser, en resumen, la siguiente: De cómo el salvador Barack Obama agachó la cabeza ante el verdadero mecenas de este tiempo: el ansia de dinero. Sin duda, habrá que ver el documental. Por otra parte, el artículo deja otra propuesta bibliográfíca interesante: ¡Indignaos! del francés Hessel.
Como dice el periodista de El País, resulta paradójico ver una columna tan incendiaria en una publicación en la que la palabra capital subyace en la mayor parte de los titulares. Os recomiendo leerla. Aquí va un adelanto:
A Farrell no le tiembla el pulso al hacer un llamamiento a que la gente despierte ante "el espejismo de los súper ricos que está destruyendo el sueño americano para el resto de nosotros". "Los súper ricos no se preocupan por usted" exhorta a sus lectores, porque viven al margen de la crisis, a lo sumo se preocupan "en abstracto" por el bienestar del país, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, de los mejores profesores de pilates, el mejor masajista, los mejores cirujanos y las mejores escuelas privadas para sus hijos". "Y nada de lo que se escriba va afectarles". Y acaba: "No digan que no fueron advertido. Tienen tiempo para preparar la revolución que se avecina, la depresión".
Y el enlace: http://www.elpais.com/articulo/economia/ricos/pagan/impuestos/enfrentaran/revolucion/elpepueco/20110404elpepueco_14/Tes
Curiosamente, el artículo hace mención a la película que nuestro compañero Pepe comentó: Inside Job. La sinopsis podría ser, en resumen, la siguiente: De cómo el salvador Barack Obama agachó la cabeza ante el verdadero mecenas de este tiempo: el ansia de dinero. Sin duda, habrá que ver el documental. Por otra parte, el artículo deja otra propuesta bibliográfíca interesante: ¡Indignaos! del francés Hessel.
Como dice el periodista de El País, resulta paradójico ver una columna tan incendiaria en una publicación en la que la palabra capital subyace en la mayor parte de los titulares. Os recomiendo leerla. Aquí va un adelanto:
A Farrell no le tiembla el pulso al hacer un llamamiento a que la gente despierte ante "el espejismo de los súper ricos que está destruyendo el sueño americano para el resto de nosotros". "Los súper ricos no se preocupan por usted" exhorta a sus lectores, porque viven al margen de la crisis, a lo sumo se preocupan "en abstracto" por el bienestar del país, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, de los mejores profesores de pilates, el mejor masajista, los mejores cirujanos y las mejores escuelas privadas para sus hijos". "Y nada de lo que se escriba va afectarles". Y acaba: "No digan que no fueron advertido. Tienen tiempo para preparar la revolución que se avecina, la depresión".
Y el enlace: http://www.elpais.com/articulo/economia/ricos/pagan/impuestos/enfrentaran/revolucion/elpepueco/20110404elpepueco_14/Tes
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