El último artículo de la bibliografía de la asignatura de Teoría de la Información Audiovisual que he leído viene de la mano de uno de mis autores favoritos y periodista para más señas. Ryszard Kapuscinski, una vez más, remueve la voz de nuestras conciencias con un grito a la búsqueda de la verdad, a la crítica y a la formación de individuos activos en la recepción de la información.
http://www.rebelion.org/hemeroteca/medios/ryszard180602.htm
El autor de origen polaco refleja la nostalgia de tiempos pasados donde la figura del periodista era la de un diamante en bruto que velaba por la búsqueda de la información sin estar condicionado por intereses comerciales.
Creo que, con el avance de las tecnologías, las fuentes para consumir información se multiplicaron por mil y, al descubrirse el gran poder que escondía el control del mensaje, todo el mundo quiso su trocito del pastel.
No pienso personalmente que el problema resida en la pérdida de aquel idealismo de periodistas soñadores que quedaron reemplazados por la mercancía de hombres de negocio, sino más bien en una adaptación de todos los eslabones que forman el mundo de los medios de comunicación a la rapidez exigida actualmente por los soportes informativos. Es decir, hoy en día, en el mundo mediático priman más aspectos como el adelantarse a los demás, el generar cantidades ingentes de información o el llegar a todos los sitios que otros que en su momento gozaron de más prestigio como el periodismo de investigación, tan necesario por otra parte para el ejercicio de la función de 'perro guardían' que siempre se le ha atribuido, merecida o inmerecidamente, al periodismo.
A diferencia de otros sectores del mercado, donde la oferta se crea a partir de la demanda, los media crean su oferta a partir de intereses políticos y/o empresariales que dictan cómo debe ser la audiencia y el contenido que ésta ha de consumir para, así, mantenerla hipnotizada. Es cierto que, a veces, también hay calidad y excelencia en el contenido y en el tratamiento de la información, pero casi siempre, desde diversos frentes (la educación formal, la que recibimos en nuestra familia, la que obtenemos de nuestras amistades, la que brindan los propios medios, etc...) hemos sido educados como individuos pasivos, es decir, creyendo a ciegas toda la información y consumiéndola como si fuera una verdad irrefutable, sin esfuerzo por investigar o buscar otros puntos de vista antes de aceptar esa realidad tal como nos la pintan.
Y la pasividad no es otra cosa que la falta de motivación. Y es que, desde la escuela y desde la familia, deberían formarse individuos más exigentes y críticos, debería incentivarse el conocimiento reflexivo de lo que nos rodea para ser capaces de cambiar, de luchar contra las injusticias o de percibir la manipulación que se cierne sobre esas idílicas democracias en que vivimos.
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sábado, 7 de mayo de 2011
¿Reflejan los media la realidad del mundo?
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viernes, 22 de abril de 2011
Mad Men
Ya era hora de explicar la imagen de este blog. He aprovechado un hueco que me ha dejado la Semana Santa para comentar por qué elegí precisamente la cabecera de una serie titulada Mad Men. Para quienes aún no la conozcan, simplemente tengo que apuntar que es, en mi humilde opinión, la mejor producción televisiva que he visto en los últimos años. De hecho, mi novia y yo nos hemos 'devorado' del tirón las cuatro temporadas de la serie y gracias también a la inestimable ayuda de Megavideo. Aunque ha llegado hasta nuestros oídos que habrá una quinta temporada, el hecho de terminar la serie nos ha dejado con una sensación de vacío que no experimentaba desde mi muy añorada Lost.
Por un lado, el lugar secundario que, hasta hace dos días como aquél que dice, ocupaba la mujer en una sociedad dirigida por y para los hombres. De hecho, los personajes femeninos de la serie no dejan de ser arquetipos de aquellas mujeres relegadas a desempeñar una labor en la sombra, ya fuera como amas de casa (Betty Draper), como secretarias (Joan Harris) o como trabajadoras poco valoradas por sus iguales (Peggy Olson). Precisamente ésta última, Peggy Olson, se queja en el siguiente extracto (está en inglés, pero se entiende bastante bien) del trato de sus compañeros, todos ellos más preocupados por el aspecto físico de la nueva secretaria y por seducirla que por conocerla como persona que es.
http://www.youtube.com/watch?v=G2FZOCgZe8k&feature=related
Y, por otro lado, la serie es interesante para un análisis audiovisual por exhibir, de una manera bastante elocuente, el servicio que han prestado los diferentes aparatos ideológicos (y, en el caso de Mad Men, hablamos de la publicidad en concreto, dominada, cómo no, por el hombre occidental) para la causa sexista. En la serie se aprecian claramente los entresijos de cómo funciona este mundillo y cómo ha colaborado, desde su esfera, tanto en la creación de una serie de necesidades consideradas típicamente femeninas como en la manipulación de la mente humana para legitimar una visión, la de la mujer-objeto que sólo se preocupa por cuestiones de belleza y asuntos etéreos, totalmente subjetiva e injusta de la realidad social.
Incluso la única creativa que trabaja para la agencia Sterling Cooper (una secretaria a la que 'ascienden' por sus buenas ideas, aunque tiene peores condiciones salariales que sus compañeros), se ve forzada a pensar de una manera masculina ideando eslóganes e imágenes que refuerzan ese sambenito (la serie se sitúa en los 60, pero, viendo la publicidad de nuestros días, vemos que algunos tópicos relacionados con la mujer aún persisten) de que todo lo que las mujeres quieren es estar guapas y encontrar un buen marido. Aquí dejo otro extracto 'revelador' del sexismo presente en el discurso de las campañas publicitarias. Hasta para vender productos para un público masculino como son los desodorantes se piensa en la mujer como posible compradora, lo que no deja de ser una forma de posicionarla en el subsector de lo estético mientras los hombres se ocupan de los asuntos importantes:
http://www.youtube.com/watch?v=8SSbnf2eTjs
Asimismo, la serie tiene momentos que invitan a la reflexión sobre el alcance que ha adquirido hoy en día la publicidad. Antes de hablar de ello, me gustaría dejar dos ejemplos de la discusión que mantienen algunos personajes de Mad Men (en especial, Don Draper y varios amigos hippies de su amante) sobre el poder de este negocio.

http://www.youtube.com/watch?v=_z6vsYELcjw
http://www.youtube.com/watch?v=4O1VBBGcXSo&feature=related
En uno de estos extractos se dicen cosas como las que siguen:
-Perpetuando la mentira, ¿cómo duermes por la noche? (Personaje hippie)
-Ustedes y sus charlatanerías crearon la religión del consumo de masas. (Personaje hippie)
-La gente desea tan fuertemente que le digan qué hacer, que escuchan a quien sea. (Donald Draper)
Efectivamente, la publicidad, como se infiere de diálogos como éste, se ha convertido en un agente de primera magnitud en nuestras vidas no sólo provocando que tengamos nuevas apetencias materialistas sino también reafirmando una forma de pensar con la que nos podemos sentir más o menos identificados. En relación con el discurso sexista, es evidente que buena parte del discurso publicitario aún opta por una línea 'conservadora', entendiendo por ésta la que perpetúa el encasillamiento que ha venido sufriendo desde tiempos inmemoriales la mujer. Por cierto, nuestra compañera Amaia ya ha puesto unos ejemplos más que evidentes de este estilo. Sin embargo, nos hacemos una pregunta, ¿no estaremos haciendo demasiado responsable a la publicidad del legado sexista cuando quizás el verdadero origen de este problema se encuentra en la propia sociedad? Desde mi punto de vista, considero que, si la publicidad sigue recurriendo a esas fórmulas estereotipadas en las que la mujer es 'utilizada', es porque mucha gente sigue siendo complaciente con esa forma de pensamiento y, por tanto, todavía no se ha librado de los prejuicios y valores que antes existían con respecto a las mujeres. Pero también hallamos otro problema que repercute en el mantenimiento de este arraigado sexismo: la inconsciencia de la audiencia. Y es que otros muchos consumidores de medios, debido a la falta de educación para los medios que existe en nuestro país, no son capaces de percibir o se mantienen indiferentes ante los mensajes que nos llegan desde aparatos como la publicidad. Así que, bien por aceptación o bien por inacción o desconocimiento, colaboramos en que ciertas presunciones tergiversadas con respecto a la mujer permanezcan vivas.
Pero, al margen de que la serie esté bien o mal, que cree adicción o no, la quería rescatar en esta entrada por un motivo diferente. Empezaré diciendo que la elección de la cabecera de Mad Men para adornar este blog no es ni mucho menos arbitraria. Obedece a un intento de ilustrar, de una manera sutil, uno de los males latentes en la información audiovisual. Y éste no es otro que, como han dicho otras compañeras en sus blogs, la continua presencia de un ideario sexista en las diversas manifestaciones que nos llegan desde la tele, las salas de cine o incluso los videojuegos.
Ahora bien, ¿por qué Mad Men? Pues, en esencia, porque es una serie que, más allá de la trama principal (que gira en torno a las vicisitudes de Donald Draper, el director creativo de una agencia de publicidad de Nueva York), nos muestra dos aspectos importantes que han influido en la formación del encasillamiento indisimulado que se aplica al género femenino.Por un lado, el lugar secundario que, hasta hace dos días como aquél que dice, ocupaba la mujer en una sociedad dirigida por y para los hombres. De hecho, los personajes femeninos de la serie no dejan de ser arquetipos de aquellas mujeres relegadas a desempeñar una labor en la sombra, ya fuera como amas de casa (Betty Draper), como secretarias (Joan Harris) o como trabajadoras poco valoradas por sus iguales (Peggy Olson). Precisamente ésta última, Peggy Olson, se queja en el siguiente extracto (está en inglés, pero se entiende bastante bien) del trato de sus compañeros, todos ellos más preocupados por el aspecto físico de la nueva secretaria y por seducirla que por conocerla como persona que es.
http://www.youtube.com/watch?v=G2FZOCgZe8k&feature=related
Y, por otro lado, la serie es interesante para un análisis audiovisual por exhibir, de una manera bastante elocuente, el servicio que han prestado los diferentes aparatos ideológicos (y, en el caso de Mad Men, hablamos de la publicidad en concreto, dominada, cómo no, por el hombre occidental) para la causa sexista. En la serie se aprecian claramente los entresijos de cómo funciona este mundillo y cómo ha colaborado, desde su esfera, tanto en la creación de una serie de necesidades consideradas típicamente femeninas como en la manipulación de la mente humana para legitimar una visión, la de la mujer-objeto que sólo se preocupa por cuestiones de belleza y asuntos etéreos, totalmente subjetiva e injusta de la realidad social.
Incluso la única creativa que trabaja para la agencia Sterling Cooper (una secretaria a la que 'ascienden' por sus buenas ideas, aunque tiene peores condiciones salariales que sus compañeros), se ve forzada a pensar de una manera masculina ideando eslóganes e imágenes que refuerzan ese sambenito (la serie se sitúa en los 60, pero, viendo la publicidad de nuestros días, vemos que algunos tópicos relacionados con la mujer aún persisten) de que todo lo que las mujeres quieren es estar guapas y encontrar un buen marido. Aquí dejo otro extracto 'revelador' del sexismo presente en el discurso de las campañas publicitarias. Hasta para vender productos para un público masculino como son los desodorantes se piensa en la mujer como posible compradora, lo que no deja de ser una forma de posicionarla en el subsector de lo estético mientras los hombres se ocupan de los asuntos importantes:
http://www.youtube.com/watch?v=8SSbnf2eTjs
Asimismo, la serie tiene momentos que invitan a la reflexión sobre el alcance que ha adquirido hoy en día la publicidad. Antes de hablar de ello, me gustaría dejar dos ejemplos de la discusión que mantienen algunos personajes de Mad Men (en especial, Don Draper y varios amigos hippies de su amante) sobre el poder de este negocio.

http://www.youtube.com/watch?v=_z6vsYELcjw
http://www.youtube.com/watch?v=4O1VBBGcXSo&feature=related
En uno de estos extractos se dicen cosas como las que siguen:
-Perpetuando la mentira, ¿cómo duermes por la noche? (Personaje hippie)
-Ustedes y sus charlatanerías crearon la religión del consumo de masas. (Personaje hippie)
-La gente desea tan fuertemente que le digan qué hacer, que escuchan a quien sea. (Donald Draper)
Efectivamente, la publicidad, como se infiere de diálogos como éste, se ha convertido en un agente de primera magnitud en nuestras vidas no sólo provocando que tengamos nuevas apetencias materialistas sino también reafirmando una forma de pensar con la que nos podemos sentir más o menos identificados. En relación con el discurso sexista, es evidente que buena parte del discurso publicitario aún opta por una línea 'conservadora', entendiendo por ésta la que perpetúa el encasillamiento que ha venido sufriendo desde tiempos inmemoriales la mujer. Por cierto, nuestra compañera Amaia ya ha puesto unos ejemplos más que evidentes de este estilo. Sin embargo, nos hacemos una pregunta, ¿no estaremos haciendo demasiado responsable a la publicidad del legado sexista cuando quizás el verdadero origen de este problema se encuentra en la propia sociedad? Desde mi punto de vista, considero que, si la publicidad sigue recurriendo a esas fórmulas estereotipadas en las que la mujer es 'utilizada', es porque mucha gente sigue siendo complaciente con esa forma de pensamiento y, por tanto, todavía no se ha librado de los prejuicios y valores que antes existían con respecto a las mujeres. Pero también hallamos otro problema que repercute en el mantenimiento de este arraigado sexismo: la inconsciencia de la audiencia. Y es que otros muchos consumidores de medios, debido a la falta de educación para los medios que existe en nuestro país, no son capaces de percibir o se mantienen indiferentes ante los mensajes que nos llegan desde aparatos como la publicidad. Así que, bien por aceptación o bien por inacción o desconocimiento, colaboramos en que ciertas presunciones tergiversadas con respecto a la mujer permanezcan vivas.
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lunes, 11 de abril de 2011
Mujer, ¿la sal de la tierra?
Después de haber leído este fin de semana el artículo de Ramón titulado 'Mujer, ¿la sal de la tierra, la luz del mundo?, he llegado a la conclusión de que muy pocas veces -y hablo en mi condición de hombre- somos conscientes de la desventaja con la que parten las mujeres en el juego de la vida y, sin embargo, cómo, gracias a su fuerza mental, son capaces de llevarnos la delantera en la mayoría de las ocasiones.
El recorrido histórico que se plantea en el texto mencionado es muy interesante, así como la descripción de las distintas etapas que han dado forma al papel de la mujer en el mundo.
En cada paso de la historia podemos observar cómo ligeramente ha evolucionado la identidad de la mujer, pero en ningún caso ha conseguido igualar y, ni mucho menos, superar el estatus de supremacía que lleva consigo el haber nacido varón: desde la primera mujer o mujer despreciada, siguiendo con la segunda mujer o mujer exaltada (pero sólo como 'objeto' de deseo para el género masculino) y terminando con la tercera mujer o indeterminada que por fin obtiene su independencia, pero a costa de mantener su rol de ama de casa simultáneamente.
Tampoco han ayudado en la emancipación de la mujer los estereotipos que vienen imponiéndose desde décadas en las instituciones que son precisamente responsables de nuestra educación y que estructuran nuestros pensamientos de acuerdo a la línea invisible, pero bien palpable, que desprecia el valor de la mujer en la sociedad.
Como bien afirma el profesor Correa, desde la iglesia, la escuela, los videojuegos hasta los medios de comunicación (¿O podríamos decir también, dado el impacto que tienen en nuestra cultura desde que somos bien pequeñitos, medios de educación?), muchos agentes organizados han desempeñado una función importante en la definición de nuestra personalidad. Y en lo que se refiere a la mujer, todos menos, casi a última hora histórica, la propia mujer han colaborado en la consolidación de un determinado arquetipo asignado, sí o sí, al sexo contrario. Parafraseando a Ramón, "ser hombre o ser mujer es lo primero que distingue a los seres humanos y lo que organiza y rige patrones de comportamientos, actitudes y expectativas".
El recorrido histórico que se plantea en el texto mencionado es muy interesante, así como la descripción de las distintas etapas que han dado forma al papel de la mujer en el mundo.
En cada paso de la historia podemos observar cómo ligeramente ha evolucionado la identidad de la mujer, pero en ningún caso ha conseguido igualar y, ni mucho menos, superar el estatus de supremacía que lleva consigo el haber nacido varón: desde la primera mujer o mujer despreciada, siguiendo con la segunda mujer o mujer exaltada (pero sólo como 'objeto' de deseo para el género masculino) y terminando con la tercera mujer o indeterminada que por fin obtiene su independencia, pero a costa de mantener su rol de ama de casa simultáneamente.
Tampoco han ayudado en la emancipación de la mujer los estereotipos que vienen imponiéndose desde décadas en las instituciones que son precisamente responsables de nuestra educación y que estructuran nuestros pensamientos de acuerdo a la línea invisible, pero bien palpable, que desprecia el valor de la mujer en la sociedad.
Como bien afirma el profesor Correa, desde la iglesia, la escuela, los videojuegos hasta los medios de comunicación (¿O podríamos decir también, dado el impacto que tienen en nuestra cultura desde que somos bien pequeñitos, medios de educación?), muchos agentes organizados han desempeñado una función importante en la definición de nuestra personalidad. Y en lo que se refiere a la mujer, todos menos, casi a última hora histórica, la propia mujer han colaborado en la consolidación de un determinado arquetipo asignado, sí o sí, al sexo contrario. Parafraseando a Ramón, "ser hombre o ser mujer es lo primero que distingue a los seres humanos y lo que organiza y rige patrones de comportamientos, actitudes y expectativas".
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viernes, 1 de abril de 2011
El fundamentalismo de la imagen en la sociedad del espectáculo
Antes, los límites que las personas encontraban se basaban principalmente en coordenadas geográficas, ya que no existía una evidencia iconográfica de lo que se salía de cada círculo personal. Con la sociedad de la información, en cambio, nos adentramos en la posibilidad de "ser y estar en cualquier parte". Ahora, el problema ya no está en el límite de la información a la que podemos acceder, sino que reside, más bien, en las limitaciones que tenemos para poder entender ese diluvio de información al que estamos expuestos permanentemente. Como dice Aguaded, "las ocasiones de vigilancia crítica cuando consumimos imágenes son muy escasas y, en el caso de la televisión, la relación hipnótica es la más frecuente".
En esta sociedad el volumen de datos es inmenso, pero la realidad es que los medios de comunicación que nos 'informan' sólo nos dan pinceladas o retazos de una realidad construída en base a las piezas de un puzzle de intenciones. Con esto, me refiero a lo que en el texto El fundamentalismo de la imagen en la sociedad del espectáculo se denomina 'fabricación del consenso' y que, básicamente, tiene como objetivo adormilar el espíritu crítico ante la recepción masiva de información.
Un apunte interesante que he encontrado es el mencionado por Noam Chomsky: "Los medios de comunicación son sólo una parte de un sistema doctrinario; las otras partes son los periódicos de opinión, las escuelas, las universidad, la erudición académica". Creo que Chomsky está en lo cierto al tachar como otro factor responsable al proceso educativo, en el que, en mi opinión, se echa en falta ese empuje al alumnado para que se cuestione la información, para que se investigue y se haga preguntas para intentar encuadrar las imágenes dentro de un contexto muchísimo más complejo que, posiblemente, conduciría a una interpretación más fidedigna de los hechos. Sobre esto último, me gustaría recuperar una idea que expresaba Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de la comunicación. El director de Le Monde Diplomatique venía a decir que no podemos aspirar a informarnos adecuadamente de un suceso utilizando como única fuente la televisión (a la que, por cierto, considera como un medio de distracción). Para comprender de una manera íntegra y reflexiva lo que está sucediendo en el mundo, en nuestro país o en cualquier ámbito de la realidad se requieren mucho más que 30 minutos delante de la pantalla. Es decir, el estar bien informados exige un esfuerzo o una actitud que podríamos calificar como activa. Además, no sólo es importante el tiempo que dedicamos a informarnos sino también el cómo nos posicionamos como receptores de la noticia, si desde un enfoque pasivo o desde un enfoque crítico y reflexivo con respecto a los mensajes de los medios.
Tampoco podemos olvidarnos del sistema publicitario, al que muy bien define el profesor Correa como "balón de oxígeno económico que mantiene la industria cultural y mediática, piedra angular de la economía globalizada neoliberal donde todas las mercancías que son producidas tienen que ser consumidas para asegurar la pura supervivencia del sistema". Y es que, en mi opinión, es un elemento más que colabora en la construcción de imágenes y contenidos que sirven a unos intereses empresariales de los que los ciudadanos son 'víctimas', viéndose atrapados, por esa falta de formación ante la información, en una espiral de consumo que desplaza la importancia de la premisa "to be" para concedérsela al "to have".
La afectividad parece ser la clave fundamental sobre la que gira todo este proceso. En definitiva, la información que más trasciende es aquella que va cargada con un peso emocional superior. En este sentido, suscribo lo que decía el pensador Giovanni Sartori con respecto a los peligros de confiar excesivamente en la imagen: "El acto de ver está atrofiando la capacidad de entender".
En esta sociedad el volumen de datos es inmenso, pero la realidad es que los medios de comunicación que nos 'informan' sólo nos dan pinceladas o retazos de una realidad construída en base a las piezas de un puzzle de intenciones. Con esto, me refiero a lo que en el texto El fundamentalismo de la imagen en la sociedad del espectáculo se denomina 'fabricación del consenso' y que, básicamente, tiene como objetivo adormilar el espíritu crítico ante la recepción masiva de información.
Un apunte interesante que he encontrado es el mencionado por Noam Chomsky: "Los medios de comunicación son sólo una parte de un sistema doctrinario; las otras partes son los periódicos de opinión, las escuelas, las universidad, la erudición académica". Creo que Chomsky está en lo cierto al tachar como otro factor responsable al proceso educativo, en el que, en mi opinión, se echa en falta ese empuje al alumnado para que se cuestione la información, para que se investigue y se haga preguntas para intentar encuadrar las imágenes dentro de un contexto muchísimo más complejo que, posiblemente, conduciría a una interpretación más fidedigna de los hechos. Sobre esto último, me gustaría recuperar una idea que expresaba Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de la comunicación. El director de Le Monde Diplomatique venía a decir que no podemos aspirar a informarnos adecuadamente de un suceso utilizando como única fuente la televisión (a la que, por cierto, considera como un medio de distracción). Para comprender de una manera íntegra y reflexiva lo que está sucediendo en el mundo, en nuestro país o en cualquier ámbito de la realidad se requieren mucho más que 30 minutos delante de la pantalla. Es decir, el estar bien informados exige un esfuerzo o una actitud que podríamos calificar como activa. Además, no sólo es importante el tiempo que dedicamos a informarnos sino también el cómo nos posicionamos como receptores de la noticia, si desde un enfoque pasivo o desde un enfoque crítico y reflexivo con respecto a los mensajes de los medios.
Tampoco podemos olvidarnos del sistema publicitario, al que muy bien define el profesor Correa como "balón de oxígeno económico que mantiene la industria cultural y mediática, piedra angular de la economía globalizada neoliberal donde todas las mercancías que son producidas tienen que ser consumidas para asegurar la pura supervivencia del sistema". Y es que, en mi opinión, es un elemento más que colabora en la construcción de imágenes y contenidos que sirven a unos intereses empresariales de los que los ciudadanos son 'víctimas', viéndose atrapados, por esa falta de formación ante la información, en una espiral de consumo que desplaza la importancia de la premisa "to be" para concedérsela al "to have".
La afectividad parece ser la clave fundamental sobre la que gira todo este proceso. En definitiva, la información que más trasciende es aquella que va cargada con un peso emocional superior. En este sentido, suscribo lo que decía el pensador Giovanni Sartori con respecto a los peligros de confiar excesivamente en la imagen: "El acto de ver está atrofiando la capacidad de entender".
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